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2022, el año en el que el mercado del arte batió todos los récords | Cultura


2022 será el año de las subastas de arte más estratosféricas de la historia. Tres ventas en particular, las de las colecciones Allen y Macklowe, más un retrato de Marilyn Monroe de Andy Warhol que alcanzó casi 200 millones de dólares, convierten el año de la guerra de Ucrania y de la inflación desatada en el más caro de la historia del mercado del arte. Pese a la amenaza de una recesión, los millonarios mundiales siguen invirtiendo en obras cuyo valor se incrementa con el paso del tiempo. Da igual que sea un Botticelli o un Jasper Johns, uno de los pocos autores vivos de la colección del empresario y filántropo Paul Allen, que empezó a subastarse este miércoles en Nueva York con récord de recaudación: 1.506 millones de dólares por 60 piezas, de las 150 que componen el conjunto. Los ingresos se dedicarán a obras benéficas, como estipuló en 2009 el cofundador de Microsoft en sus últimas voluntades. Allen, que luego se distanció de su amigo Bill Gates, murió en 2018, a los 65 años.

La sesión final se ha celebrado este jueves, también en la sede neoyorquina de Christie’s, sin alcanzar las marcas de la víspera, cuando cinco cuadros superaron los 100 millones de dólares cada uno (otro récord) y veinte artistas rebasaron su cotización previa (otro más). Un hermoso cuadro del puntillista francés Georges Seurat, de los pocos en manos privadas y versión de otro que cuelga en un museo de Filadelfia, alcanzó por sí solo casi 150 millones. Se titula Las modelos (retrato de grupo) y fue pintado en 1888. Se considera la obra cumbre del puntillismo.

El ambiente en la sala durante el remate de la colección Allen no decayó este jueves, pese a la menor importancia de la venta: el cruce de apuestas adquiría por momentos características de duelo, con los agentes en pie, colgados del teléfono por el que recibían instrucciones del comprador. Los lotes han ido cayendo rápida, casi frenéticamente, señal de que la inversión no suscitaba dudas. La puja a mano alzada, con evidentes gestos de tensión en los intermediarios, revela el apetito desatado por atesorar arte. Una de las presentadoras, traje amarillo limón en el atril, destacaba cromáticamente en una sala en relativa penumbra. También los intermediarios se turnaban, para sobrellevar la presión. La última pieza subastada hoy, una colorista ilustración de un libro sagrado hindú pintada en torno a 1700, batió a su manera otro récord: con una estimación inicial de entre 30.000 y 50.000 dólares, se vendió por 200.000. Así con todas y cada una de las obras subastadas este jueves, hasta alcanzar un total de casi 116 millones de dólares.

Paul Allen, retratado en Seattle en 2014.STEVE DYKES (AFP)

A falta de conocer la procedencia de los postores finales ―el único dato que trasciende de su identidad―, los de la sesión del miércoles se distribuyeron en un 50% en el continente americano; un 12% en la región de Asia-Pacífico, y el 38% entre Europa, África y Oriente Medio. Los magnates rusos, antes ávidos compradores, se han batido en retirada por el efecto de las sanciones, pero siempre habrá un recambio para las vacantes, aseguraba en vísperas de la puja el responsable de Christie’s Adrien Meyer. “Los clientes quieren diversificar sus activos y beneficiarse del arte y lo hacen porque saben que la mayoría de las obras siguen aumentando de valor con el tiempo”, dijo el copresidente del departamento de Arte Impresionista y Moderno de Christie’s. “Hay más multimillonarios que obras maestras” disponibles en el mercado y “la demanda es muy diversa”, subrayó, sobre un fenómeno, el de las subastas, cada vez más global y más joven, con creciente presencia del arte digital e incluso NFT, ausentes de la clásica colección de Allen, que abarca cinco siglos de la historia del arte, de Botticelli a Jasper Johns, uno de los pocos autores vivos junto a Anish Kapoor. Van Gogh, Cézanne y Gauguin batieron sus respectivos récords en la primera sesión.

Entre bambalinas siguió la puja el miércoles François-Henri Pinault, dueño de Christie’s a través del holding de lujo Artémis. “Es como haber estado durante meses en la cima de una montaña desde la que se contemplan 500 años de logros visionarios, desde Botticelli a Seurat, Cézanne, Van Gogh, Gauguin y Freud. La vista era impresionante. Puede que nunca volvamos a ver esta variedad, cantidad y calidad de obras maestras en una colección privada”, señaló por su parte Max Carter, vicepresidente del departamento de arte de los siglos XX y XXI.

Paul G. Allen fue un emprendedor visionario ―como Gates, con el que fundó en 1975 la tecnológica―, multimillonario y filántropo. Tras el deslumbramiento que le produjo una visita a la Tate Gallery de Londres, donde descubrió las marinas de Turner y el rabioso pop de Lichtenstein, dedicó buena parte de su carrera al emprendimiento cultural, como el Museo de la Cultura Pop, en 2000, en un edificio diseñado por el arquitecto Frank Gehry en Seattle, o el instituto de investigación científica que lleva su nombre, especializado en neurología e inmunología, también en Seattle, una ciudad que contribuyó a dinamizar con sus inversiones y donde financió proyectos de arte públicos y artistas locales. Allen también fue propietario de varias franquicias deportivas, incluidos los Seattle Seahawks.

A mediados de mayo, la liquidación por Sotheby’s de la colección de arte del matrimonio Macklowe -una condición para firmar los papeles de un tormentoso divorcio- recaudó 922,2 millones de dólares, adelantando a lo recaudado por la venta de la del matrimonio Rockefeller, cerrada en 2018 por 832 millones. Ese mismo mes, Christie’s se apuntó otro tanto, 195 millones de dólares por una sola obra: una serigrafía de las numerosas versiones del retrato de Marilyn Monroe por Andy Warhol, superando la cotización no solo de cualquier otro artista estadounidense, sino también el récord mundial pagado por una obra contemporánea, que ostentaba hasta entonces Mujeres de Argel (1955) de Picasso, vendido por 179,5 millones en 2015. Hasta que la subasta de la colección Allen ha dejado ambos récords en nada.

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