Madridimage

Madridimage

ATP Finals 2022: Turín encumbra a Carlos Alcaraz, el rutilante número uno | Deportes



“Grazie mille a tutti, ci vediamo il prossimo año”.

Antes de que se midan Stefanos Tsitsipas y Daniil Medvedev, en Turín se asiste a un encumbramiento histórico. A la vez, a un antes y un después. El murciano Carlos Alcaraz, Carlitos porque él así lo prefiere, eleva en el Pala Alpitour de Turín el trofeo que lo acredita como el número uno más joven al cierre de una temporada. A sus 19 años y 214 días, habiendo sumado 10 semanas al frente del ranking, supera al australiano Lleyton Hewitt (20 y 275 en 2001) y subraya el cambio de ciclo. Desde 2003, cuando el estadounidense Andy Roddick acabó instalado en lo más alto, ningún tenista al margen de Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic o Andy Murray había sido capaz de sellar el curso con el 1 a la espalda.

Lo consigue él, y emplaza en italiano: “Os veo el próximo año”. Las 11.500 personas aplauden al español, que luce dentadura bajo las luces de neón. “Significa mucho para mí formar parte de la historia de nuestro deporte, figurar junto a tantas leyendas”, dice el protagonista de la ascensión más abrupta a la cima en una temporada, del 32º al 1º. Adquiere más relieve la escalada vista en perspectiva: 1.414º a comienzos de 2018, 492º a finales de 2019 y 141º al año siguiente. La ascensión tiene un componente salvaje.

“Me disgusta no haber podido jugar aquí, pero son cosas que pasan. Parte de la vida del tenista”, lamenta, apartado del que hubiera sido el primer sueño maestro de no ser por la rotura abdominal que sufrió hace dos semanas en París-Bercy. “Quiero ganar más torneos y más Grand Slams”, prosigue. “A seguir así, lo más difícil es mantenerse. Quiero estar en esta posición mucho más tiempo”, aprecia este miércoles el español, sentado en la poltrona de mando de la ATP desde el 11 de septiembre, en relevo del ruso Medvedev.

Es el lazo a un curso sensacional en el que el murciano, tenista de vértigo, ha desbordado los augurios más optimistas. A su evidente calidad le ha añadido un considerable salto físico y el colmillo competitivo, convirtiéndose en el jugador que más trofeos ha conseguido –cinco, por delante de Rafael Nadal, Felix Auger-Aliassime y Andrei Rublev– y el segundo que más victorias ha firmado (57, como Aliassime), únicamente por detrás del griego Stefanos Tsitsipas (60). Desde su cuerpo técnico se había fijado muy alto el listón, pero la dentellada de Nueva York y el abordaje del primer puesto han sorprendido incluso a aquellos que viven el día a día a su lado. Se intuía el asalto, pero quizá no tan temprano.

“Una buena cara” para el tenis

Tras el amago de la temporada pasada, en la que deslumbró en el US Open y dejó un esbozo de lo que podía llegar a hacer, eclosionó definitivamente sobre el asfalto de Miami. Allí, paraje negado a todo representante español masculino hasta que apareció él, engarzó su primer Masters 1000, superó el récord de precocidad de Novak Djokovic y advirtió: “No estoy lejos de ganar mi primer Grand Slam”. Se cumpliría el vaticinio en septiembre, pero antes desfiló con paso militar por Barcelona y Madrid, otros dos laureles de prestigio que se sumaban al meritorio premio obtenido antes en Río de Janeiro. El paso frustrado por Roland Garros (cuartos) y Wimbledon (octavos) retrasó el boom, que se produjo tal vez cuando menos se preveía.

“Es la primera vez que no ha podido manejar la presión”, admitió tras ceder a la primera en Montreal. Previamente se le habían escapado las finales de Hamburgo y Umag, y antes del desembarco en Flushing Meadows no logró brillar en Cincinnati. “Solo quiero volver a disfrutar”, indicó a su llegada, moderando de manera progresiva un discurso que unos meses atrás contenía un grado más de ambición. En un perfil más silencioso atacó con fuerza el objetivo de Nueva York, donde irremediablemente terminó imponiéndose el estruendo tras dos semanas de pico, pala y espectáculo: con 19 años y cuatro meses, el historial lo señaló como el campeón más joven desde Nadal (2005) y, en paralelo, en el número uno más precoz de la historia.

Hewitt había alcanzado la cima con 20 años y nueve meses en 2001. Pero llegó él, chico de pueblo, torbellino de El Palmar, y tumbó la puerta. El salto ha sido salvaje. “Bien hecho por él, feliz por él. Gran logro. Es una gran noticia para el deporte español, se lo merecía después de una gran temporada”, le felicitó Nadal, que tenía la opción de destronarle en Turín, anulada con su doble derrota en la fase de grupos; tampoco ha resistido al pulso Tsitsipas, el otro opositor. Destronado este curso, Djokovic se une al elogio. “Lo merece, no hay duda. No quiero entrar en la discusión sobre si yo he jugado más o menos. Lo merece”, deslizó ayer el serbio; “es buen chico, muy trabajador y una buena cara para nuestro deporte”.

Puedes seguir a EL PAÍS Deportes en Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.





Source link