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Emery se suma a Arteta en la apoteosis de los entrenadores españoles en la Premier | Deportes


Villa Park no veía un triunfo de su equipo ante el Manchester United desde agosto de 1995. Esa es la primera pica en Birmingham que ha puesto Unai Emery, del que llegan noticias sobre burlas por su mejorable manejo del inglés, pero que mantiene intacto su prestigio en la Premier League. En su debut con el Aston Villa fulminó (3-1) al Manchester United, que solo había caído en uno de sus quince últimos partidos, los que siguieron a su catastrófico inicio de temporada. Recuperado el sosiego, incluso Cristiano Ronaldo aparece investido como capitán tres semanas después de irse de Old Trafford antes de acabar un partido. Así que hasta Pep Guardiola había advertido de que el equipo dirigido por Erik Ten Hag energía como candidato a ganar el campeonato. Pero Emery contribuyó a minimizar su valor. Lo hizo con un equipo afilado al que coreografió desde la banda con su energía habitual: en diez minutos el Aston Villa ya había marcado dos goles y Villa Park era una fiesta. Ahora el Manchester United está a 11 puntos de la cabeza de la tabla, donde el Arsenal luce imparable, adiestrado por otro guipuzcoano, Mikel Arteta.

3

Jacob Ramsey, Leander Dendoncker (Morgan Sanson, min. 89), Emiliano Martínez, Matthew Cash, Digne (Ashley Young, min. 78), Ollie Watkins (Boubacar Kamara, min. 78), Douglas Luiz, Tyrone Mings, Ezri Konsa Ngoyo, Emi Buendía (Ings, min. 78) y Leon Bailey (McGinn, min. 70)

1

M. United

Casemiro, Nilsson-Lindelöf, van de Beek (Anthony Martial, min. 65), Lisandro Martínez, Shaw (Tyrell Malacia, min. 65), Diogo Dalot, Alejandro Garnacho (Anthony Elanga, min. 65), Rashford, De Gea, Cristiano y Eriksen

Goles 1-0 min. 7: Leon Bailey. 2-0 min. 10: Digne. 2-1 min. 45: Jacob Ramsey (p.p.).

Árbitro Anthony Taylor

Tarjetas amarillas Shaw (min. 9), Leon Bailey (min. 41), Cristiano (min. 60), Diogo Dalot (min. 71) y Emiliano Martínez (min. 88)

El United quiso, pero no pudo. Marcó uno de esos goles justo en la última jugada de la primera parte que los clásicos denominan psicológicos. Pero el Aston Villa jugó con la vehemencia y el vigor que pregona Emery y jamás se fue de un partido al que había entrado con estrépito. Al sexto minuto de juego el central visitante Lindelöf acudió a presionar fuera de su zona y el Villa interpretó bien los espacios que se abrieron para lanzar al jamaicano Leon Bailey hacia De Gea. El segundo sopapo le llegó al cuadro de Mánchester cuatro minutos después con un libre directo en el que Lucas Digne fue como un equilibrista hacia la pelota para hacer un golpeo majestuoso con la zurda.

Nada alertó sobre una reacción del Manchester United, ni siquiera cuando la distancia en el marcador se acortó. El Villa marcó nada más regresar del vestuario. Lo hizo al galope, transitando con muchos hombres, con el joven canterano Jacob Ramsey como llegador. Tres largos cuartos de hora no le sirvieron al United para darle la vuelta a la situación. Llegaron las frustraciones de Cristiano Ronaldo, que se enganchó con la zaga local y fue la diana de los abucheos del público, que montó una juerga como no se recordaba en Villa Park, donde no festejaban dos victorias consecutivas desde hace casi dos años. “Los jugadores tenían hambre”, concluyó Emery. “Es solo un comienzo, pero soy optimista porque lo primero es tener confianza, energía, que los jugadores sigan el plan y la afición nos apoye. Y todo eso ocurrió”, completó.

Histórico Arsenal

Quienes aguardan el derrumbe del Arsenal deberán esperar. Los gunners mantienen el liderato después de trece jornadas en las que solo se dejaron por el camino cinco puntos, los de la derrota en Old Trafford y el empate en Southampton. Aplazado su duelo contra el Manchester City, el equipo de Mikel Arteta ya había superado al Liverpool y se aguardaba su visita al Chelsea como prueba de fortaleza ante un rival de ese big six del que algunos esperaban verle salir. Lo que ocurrió fue una demostración de carácter (0-1) de un equipo afinado en el que el entrenador donostiarra recuperó su once tipo. Arteta tiene claro con quién debe ir a la guerra y las estrecheces del calendario no le han hecho mella. Si superan el próximo sábado, a domicilio, a los Wolves, con Julen Lopetegui a los mandos, o antes el Manchester City tropieza contra el Brentford habrán llegado al parón previo al Mundial como líderes casi incontestados de la Premier.

Los números del Arsenal son de vértigo. Suma un punto más a esta altura que los Invencibles de la temporada 2003-04, aquel equipo legendario que bajo la batuta de Arsène Wenger se llevó el título invicto. Otro dato enaltece la labor de Arteta, que llegó al club en la Navidad de 2019 poco después de que Unai Emery recibiese el finiquito con el equipo en media tabla. En Stamford Bridge cumplió 150 partidos en el banquillo y ya suma 87 triunfos, más que cualquiera de sus predecesores en ese tiempo. Más que Wenger, George Graham o el mismísimo Herbert Chapman, el padre de la WM que le dio la vuelta a la pizarra futbolística.

Arteta habló antes de dejar el campo del Chelsea de resistencia y compostura, pero sobre todo de madurez. Ese es el Arsenal, superior a un rival que se queda a 13 puntos de distancia. El equipo, el más joven del campeonato, necesitaba una victoria así. “Llevamos tiempo hablando de ello. Ganar en estos estadios es un extra, un paso más en nuestro crecimiento para que los jugadores crean aún más en lo que hacen”, reflexionó Arteta. El gol de la victoria lo gritó ya superada la hora de juego, pero lo merecieron antes sus chicos, liderados por Odegaard, pero sobre todo por Gabriel Jesus, que en el mejor momento de su carrera tiene su presencia en el Mundial en el alero ante la descomunal nómina de delanteros de Brasil (Neymar, Vinicius, Richarlison, Raphinha, Rodrygo, Antony, Gabigol, Martinelli, Firmino, Matheus Cunha…). Su ausencia ahora mismo semeja un lujo.

Gabriel Jesus pudo marcar en dos ocasiones antes del descanso, la primera tras regatear a medio Chelsea. Pero todo se resolvió en un córner terrestre que el Chelsea no supo despejar, en particular Havertz quedó retratado, y que Gabriel Magalhaes, otro brasileño que oposita a la selección, empujó a gol.

Apenas hubo más respuesta del Chelsea que la del entusiasmo, con tan poco fútbol expuesto que su gente abucheó al equipo cuando sonaron los tres pitidos. Dos puntos de doce posibles han frenado al equipo y le alejan del objetivo de volver a ganar la Premier. “Vimos la diferencia entre dos equipos, uno con confianza y otro que tiene que dar más pasos. En el Arsenal llevan trabajando juntos durante los últimos tres años”, explicó al final el técnico local Graham Potter. Pero la paciencia es un valor que hace tiempo que se perdió en el fútbol de las Islas.

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