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Hombre, 38 años y más de 3.000 euros de salario: así es el inversor español en criptomonedas | Economía



Cuando el pasado abril el multimillonario jefe de Binance, Changpeng Zhao, celebró en Madrid un acto para hablar sobre el futuro de las criptomonedas, varios cientos de seguidores con invitación se agolparon a las puertas del Wizink Center madrileño. Sumergirse en esa pequeña multitud permitía detectar un perfil más o menos repetido: jóvenes universitarios y profesionales de mediana edad, en su gran mayoría hombres, aguardaban al influyente consejero delegado de la plataforma.

El perfil del inversor en criptomonedas, sin embargo, se basaba hasta ahora en percepciones captadas en este tipo de eventos o en el activismo de sus dueños en redes sociales. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha suplido ese vacío sobre un fenómeno que ha convulsionado en pocos años las finanzas —y despierta tantos odios como pasiones— a través de una encuesta para conocer mejor hasta qué punto están calando entre los españoles y quiénes son los que dedican parte de su dinero a comprarlas.

Un 6,8% de las 1.500 personas preguntadas asegura haber comprado divisas digitales alguna vez. Y el 4,2% todavía las tiene en cartera. Según informa el regulador de los mercados, la mayoría —dos tercios— son hombres, casi la mitad tiene estudios universitarios, y la edad media es de 38,7 años. Su situación económica es desahogada: el 76% se clasifica como de clase alta o media alta, y casi la mitad gana más de 3.000 euros al mes, por encima del sueldo medio español, aunque también hay un 10% que invierte en ellas pese a no llegar a mileurista. La frecuencia con que compran varía: uno de cada diez emplea una asignación mensual a ampliar posiciones, y uno de cada cuatro solo adquiere más cuando hay caídas que vuelven su valor atractivo.

Más de la mitad de los inversores se concentra en cuatro regiones, también las más pobladas, aunque no por ese orden: la Comunidad de Madrid (23%), Cataluña (18%), Andalucía (14%) y la Comunidad Valenciana (11%). Y sus principales motivos para comprar son, por este orden, las elevadas rentabilidades que estas divisas ofrecen, el convencimiento de que son la tecnología del futuro, y la creencia de que serán el medio de pago que se impondrá.

El número de aquellos que tienen parte de sus ahorros en estos activos puede que no haya tocado techo. Aunque el 82,9% afirma que descarta por completo invertir en ellas —sobre todo por su elevado riesgo— hay otro 10,2% que dice que no lo ha hecho aún, pero lo hará en un futuro. En cuanto a la proporción de los ahorros que dedican, si las respuestas son sinceras, impera la prudencia: la mitad invierte menos de un 5% de su capital. Y solo el 4,5% se atreve con más de la mitad de su dinero, una práctica poco recomendada que en colapsos como el de Terra/Luna dejó casos dramáticos de pequeños inversores que no podían hacer frente a su hipoteca por las pérdidas o se habían dejado en el camino una cantidad que amenazaba su posición económica e incluso su estabilidad psicológica.

Si bien los que invierten, y por tanto confían en obtener rentabilidades gracias a ellas, son una minoría, las criptomonedas se han vuelto muy conocidas. Tres cuartas partes de la población ha oído hablar o sabe en alguna medida qué son. Los medios generalistas, los familiares y amigos, y las redes sociales son las principales vías por las que se enteraron. Tener constancia de su existencia no es, sin embargo, lo mismo que entenderlas. Solo un 1,4% sostiene que tiene conocimientos altos del tema, y el 6,9% tiene una cultura media al respecto.

La CNMV ha sido, junto al Banco de España, el organismo que más ha insistido en alertar de los riesgos de estas inversiones, así que no sorprende que entre las preguntas haya incluido una acerca de si los encuestados recuerdan advertencias de que se puede perder todo, su extrema volatilidad, o los fraudes relacionados con las criptomonedas. A juzgar por los datos, el mensaje ha llegado a una buena porción de la gente: el 68% respondió afirmativamente.

Otra de las especificidades de los inversores en criptomonedas es que hacen un uso más intensivo de las redes sociales que el conjunto de la población, y se informan más por su cuenta, sin asesores, a través de los documentos informativos del producto en el que están interesados, prensa especializada y foros online. Eso ha dado pie también a que proliferen influencers que lanzan recomendaciones de inversión, no siempre basadas en información fiable, a través de YouTube o Instagram.

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