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Los disturbios en un partido de fútbol de Boca Juniors dejan un muerto en Argentina


El fútbol argentino ha vuelto a encontrarse con la tragedia. Un hombre de 57 años ha muerto de un infarto mientras era llevado al hospital después de que la policía de Buenos Aires y los fanáticos de Gimnasia y Esgrima de La Plata, una ciudad 50 kilómetros al sur de la capital, se enfrentaran en las puertas del estadio.

El partido que jugaban Gimnasia y Boca Juniors fue suspendido a los nueve minutos después de que el humo de los gases lacrimógenos lanzados por la policía en uno de los accesos del estadio Carmelo Zerillo invadieran las graderías y el campo de juego. Afuera se escuchaban disparos de balas de goma. Según algunos medios locales, la sobreventa de entradas generó el descontento de cientos de fanáticos del equipo local, que se encontraron sin lugar, a pesar de que habían pagado su entrada, y con las puertas cerradas media hora antes de empezar el partido.

La muerte fue confirmada por el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, quien aseguró que el hombre, Carlos Regueiro, “falleció cuando salía del estadio por un paro cardíaco”. Un camarógrafo fue herido por las balas de goma y al menos un centenar de espectadores heridos fueron llevados a hospitales de la zona tras los incidentes. Berni culpó de lo sucedido a la administración del equipo local, Gimnasia y Esgrima. “La responsabilidad de lo sucedido es toda del club organizador del espectáculo”, dijo. El titular de la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte de la provincia, Eduardo Aparicio, afirmó que el partido se suspenderá indefinidamente y evitó responsabilizar a la policía “porque había como 10.000 personas en las afueras del estadio cuando las puertas ya se habían cerrado”, según recoge la agencia Télam.

El público invade el campo de juego tras los disturbios de este jueves por la noche durante un partido entre Gimnasia y Boca Juniors en la ciudad de La Plata, Argentina.STRINGER (REUTERS)

Boca Juniors, segundo en el campeonato, y Gimnasia, sexto, disputaban sus últimas oportunidades en la liga nacional a cuatro partidos del final del torneo. El humo de los gases lanzados por la policía empezó a ingresar como una nube al estadio cuando el partido recién había empezado. A los nueve minutos del primer tiempo, Hugo Ibarra, el entrenador de Boca Juniors, pidió al árbitro que interrumpiera el encuentro porque los gases le habían afectado la vista. Mientras los jugadores volvían a los vestuarios, la desesperación se desató en las tribunas. Con las puertas del estadio cerradas, los fanáticos invadieron el campo de juego mientras afuera todavía se escuchaban algunos disparos.

La dirigencia del equipo local culpó a la policía. El presidente de Gimnasia, Gabriel Pellegrino, negó la supuesta sobreventa de entradas asegurando que podía demostrar que habían vendido 3.254 boletos sobre los 4.300 posibles. El resto de los lugares del estadio, habilitado para 30.000 personas, estaban reservados para los socios que pagan un abono para asistir durante toda la temporada. “La policía es quien determina la cantidad de gente que entra”, dijo Pellegrino.

La violencia vuelve a ensombrecer la liga profesional argentina, que no encuentra soluciones a pesar de tomar medidas estrictas desde hace años. Los fanáticos visitantes no son permitidos desde 2013 para evitar enfrentamientos a las afueras de los estadios, pero la medida no ha cambiado las cosas. Según la ONG Salvemos al fútbol, al menos 346 personas han muerto en la historia del fútbol argentino en algún conflicto relacionado con el deporte más popular del país.

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