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Manuel Borja-Villel renuncia a presentarse a la reelección para seguir al frente del Reina Sofía | Cultura



Manuel Borja-Villel (Burriana, Castellón, 65 años), actual director del Museo Reina Sofía de Madrid, no se presentará a la reelección de su cargo, tal y como ha adelantado Efe este martes y ha podido confirmar EL PAÍS. Este viernes, 20 de enero, termina su mandato tras 15 años al frente de la pinacoteca y después haber agotado las tres prórrogas reglamentarias. Borja-Villel tenía la posibilidad de volver a presentarse, como cualquier otro candidato, al concurso público para encontrar un nuevo gestor del centro de arte contemporáneo que se convocará el 1 de febrero, pero finalmente ha decidido no renovar su cargo. El director asegura que la decisión estaba tomada hacía “bastante tiempo” y tras hablar con su equipo y su familia.

“Las cosas se dicen cuando tocan y tenía decidido desde hace tiempo decirlo en este momento”, ha señalado en Efe. No lo quiso decir antes, sobre todo, por no correr el riesgo de que algún proyecto que tenía entre manos no saliera adelante: “Te pagan para trabajar hasta el último día”.

El historiador desvincula tajantemente su decisión de las informaciones publicadas este fin de semana sobre supuestas irregularidades en las dos prórrogas de su contrato (2013 y 2018). Ambas se hicieron bajo el Gobierno del PP, fueron avaladas por los ministros de Cultura del momento (José Ignacio Wert y Íñigo Mendez de Vigo); y contaron en ambos casos con un informe favorable de Abogacía del Estado. Borja-Villel rechaza de plano las acusaciones y el centro ha pedido al diario que rectifique, sobre todo por respeto a la integridad del Museo Reina Sofía. “Ojo con las instituciones, hay que cuidarlas, ha costado mucho levantarlas”, argumenta en la entrevista a Efe.

A finales de noviembre, cuando se activó la sucesión, Borja-Villel aseguró ante un grupo de periodistas que no tenía intención alguna de retirarse. “¿Retirarme? En absoluto, de nada. Existe más vida aparte de esto”. Entonces, la puerta a una cuarta etapa parecía abierta. El 20 de enero, cuando el director deje de acudir a su despacho en el Reina Sofía, ejercerán la gestión sus segundos, el subdirector gerente, Julián González Cid, y la subdirectora artística, Mabel Tapia.

A partir del 1 febrero, el Patronato del Museo, del que hasta este viernes forma parte Borja-Villel, dará a conocer las bases del concurso. En ese momento se espera que se publiquen los plazos para la composición de un grupo de trabajo que será el responsable del proceso y un comité de expertos que evaluará los proyectos de los candidatos, tal y como sucedió en 2007, cuando fue elegido por unanimidad el actual responsable. En aquel momento se presentaron 29 personas, que optaron a un puesto con un sueldo de más de 128.000 euros anuales. Si se cumple el calendario del anterior concurso, hasta la primavera no se conocerá al elegido. Vienen meses de rumores, competición y presiones para conseguir una de las plazas más cotizadas del sector del arte contemporáneo.

El concurso, amparado por la ley de autonomía de la institución que se firmó en 2011, respaldada por el Consejo de Ministros, cumplirá con los requisitos del Código de Buenas Prácticas del Ministerio de Cultura. Ni en la ley de autonomía del museo ni en este código (que no es de obligado cumplimiento) se impedía al actual director presentarse. “En justicia puede hacerlo”, explicaba a este diario Marta Pérez Ibáñez, presidenta del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC), una de las instituciones que participaron en la redacción de este código. En el IAC siempre se ha abogado por una limitación de mandatos de unos 10 años en las instituciones culturales, un extremo que no se incluyó en el código por la falta de acuerdo con la organización que representa a los directores de los museos.

Un director en la diana

Borja-Villel, licenciado en Historia del arte en la Universidad de Valencia, realizó un doctorado en la City University of New York, gracias a una beca Fulbright. A su vuelta a España dirigió la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona desde su inauguración en 1990 hasta 1998. Ese año pasó a ocuparse del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba), donde estuvo 10 años. En enero de 2008 empezó a ejercer como director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. En estos 15 años se ha convertido en ese tipo de director de museo incapaz de poner de acuerdo a la crítica. Genera las mismas pasiones que odios. La etiqueta que más veces ha recibido su trabajo ha sido la de “ideológico y político”, en el mejor de los casos, cuya traducción viene a ser “podemita”. No le ayudó que Pablo Iglesias eligiera la plaza anexa al museo como lugar fetiche para sus mítines.

Han dicho de su proyecto que “desprecia al público común” y que promueve “un indisimulado relato propagandista que supedita la autonomía y la libertad de las obras”. Sus críticos le afean la falta de autores españoles en la colección permanente y un gusto muy marcado por el arte conceptual, lo que Borja-Villel denomina con cierta retranca “los papelitos”. Esto es, en las salas del Reina Sofía hay una gran cantidad de cartelería y documentación, la manera en la que el gestor ha querido “contar la Historia del Arte”. Un museo público, ha reiterado estos años el director, “debe tratar de aportar las herramientas para que entendamos mejor la época en la que vivimos. Nuestra misión es intentarlo desde la cultura, en concreto el arte”. Sus críticos siempre le han demandado de una manera directa, en declaraciones en prensa sin medias tintas, que debía haber primado la pintura. “Se debe insistir en profundizar en la idea de museo nacional, una visión de Estado que no ha cumplido plenamente estos años. Han quedado fuera demasiados artistas y narrativas”, resumía para este diario ese sentir Álvaro Rodríguez Fominaya, director del Musac (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León).

A su vez, ha recibido el elogio de aquellos que consideran que con sus ideas ha conseguido “enriquecer tanto a las grandes como a las pequeñas personalidades del arte español de los últimos 100 años”. Los que han recorrido este camino de 15 años a su lado defienden además que la gestión de Borja-Villel ha servido para afianzar en el mapa internacional del arte contemporáneo al Museo. Los lazos con el arte latinoamericano, la manera en la que ha hecho del Guernica de Picasso una manera de entender la Guerra Civil y el éxito de algunas de sus exposiciones temporales están entre los argumentos de defensa de su gestión.

La persona que le suceda en el cargo no solo tendrá que lidiar con esta herencia de amores y odios, sino también decidir si la última reordenación de la colección del Reina Sofía, en la que Borja-Villel imprimió toda su visión del arte a finales de 2021, se queda como está o vuelve a cambiar.

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